El Taxi en pie de guerra contra Uber

Si ya estábamos tocados por la crisis, ahora la amenaza viene disfrazada en forma del llamado “consumo colaborativo”. A partir de este concepto, Uber pretende romper el mercado del transporte mundial, extensible también a otros muchos sectores. Lo resumo fácil: Uber (nacida de la todopoderosa Google) es una aplicación para móviles que conecta directamente a pasajeros con conductores particulares (cualquiera con carnet de conducir y coche propio) para desplazamientos en base a tarifas ya prefijadas. Es decir, exactamente igual que un taxi pero con cualquier vehículo particular no dotado de aparato taxímetro, ni homologado para tal efecto, y mediante conductores no cualificados. En Barcelona, por ejemplo, donde Uber lleva meses funcionando (también opera en las principales ciudades de 36 países y pronto llegará a Madrid) la tarifa es de 1 euro por establecimiento de servicio + 0,75 euros el kilómetro + 0,30 euros el minuto que cobrará el conductor y también Uber (un 20% de cada “carrera” en concepto de “intermediario”). Tarifas, en efecto, similares a las de cualquier taxi al uso, pero sin las garantías administrativas y legales del el taxi de toda la vida.

Los taxistas de medio mundo, como no podría ser de otra forma, estamos en pie de guerra. De hecho, mañana miércoles habrá un paro general de taxis en las principales ciudades de Europa (Madrid y Barcelona, en España). Nos preocupa seriamente Uber pero también nos cabrea la pasividad que está demostrando la administración competente. Nadie entiende cómo, por una parte, el servicio de taxi esté sometido a una regulación realmente asfixiante (dos exámenes de acceso: el específico de servicio público y el permiso Municipal, certificado de penales, tasas, tarifas reguladas por cada ayuntamiento, número de licencias limitadas, transferencias de licencias carísimas, inspecciones técnicas semestrales, controles metrológicos de taxímetros, ordenanzas municipales de obligado cumplimento, brutales sanciones si no se cumplen, homogaciones estrictas de vehículos, altas en la Seguridad Social, pagos de autónomos o nóminas de asalariados, impuestos, áreas delimitadas para la prestación del servicio, tarjetas de transporte en regla expedidas por el ministerio, seguro especial de responsabilidad civil para los ocupantes, etc) mientras permiten, al mismo tiempo, que operen impunes servicios paralelos sin ningún tipo de regulación. Repito: cualquiera con carnet de conducir en regla y coche propio puede trabajar para Uber a golpe de click sin siquiera estar dado de alta en la Seguridad Social; fomentando, entre otras, la economía sumergida.

Noticia/Opición extraída de 20minutos.es

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